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Vicente Huidobro al regresar de Europa en 1946 se
acomodó en una sencilla casa de campo rodeada de cerros, en la cual
pasó largos períodos, donde fue asiduamente visitado por escritores
y artistas. En aquella morada fueron escritos muchos de sus poemas,
el lugar preciso era un escritorio que orientaba la vista del poeta
hacia una ventana, ella no era otra cosa que un cuadro de la copa oceánica
de la Playa Chica de Cartagena.
El curioso destino del poeta lo volvió a Cartagena en sus últimos días, después de haber sido herido dos veces mientras ejercía como corresposal de guerra junto a las tropas que combatían el nazismo. Huidobro que de joven había fundado el Creacionismo "para alejarse de la realidad y de la vida, mediante la creación de mundos autónomos, puramente verbales", la poesía, "terminó volviendo a ellas estremecido y transfigurado por esa realidad y por esa vida". "En sus últimos días Huidobro se enfrenta a las varias dimensiones de la muerte: al holocausto masivo (de la guerra), al fallecimiento de su madre y a su propia mortalidad". Su hijo Vladimir relata así ese período: " Regresó a chile después de la Segunda Guerra Mundial dispuesto a seguir escribiendo. Amaba el mar y su casa de Cartagena se convirtió en su refugio predilecto. No le importaba que ese balneario ya no fuera elegante sino un lugar de veraneo del pueblo santiaguino. Tenía buenas relaciones con sus modestos vecinos. Y parece que presentía su muerte". El más vanguardista de los poetas hispanoamericanos designó personalmente el sitio en que quiso ser sepultado, a pocos metros de esa casa, en Cartagena. Sobre la tumba una lápida dice: "Abrid la tumba, al fondo de esta tumba se ve el mar". Algo más sobre Huidobro: http://www.uchile.cl/cultura/huidobro
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